Un día, como tantos otros, te levantas, muchos quehaceres por realizar este día. La universidad ocupa la mañana de una jornada que debe ser especial, y pensando esto entras al baño donde una cara conocida te da los buenos dias en el espejo. Suena el móvil y te piensas en la intención que tuviste anoche de apagarlo para tener una tranquila y placentera noche. Los mensajes se agolpan, ya los contestaras camino de la universidad… Sales al fin de casa, después de aquel delicioso tazón de realidad una vez salido de la ducha – la realidad, lo creais o no tiene mucha fibra, no es apta para casi nadie, pero es sana tenerla en cuenta – y echas a andar maldiciendote por no haber comprado este mes el dichoso abono de transportes. Llegas hasta la parada de metro, 20 minutos después, donde reparten periódicos. No ves a nadie conocido, la tranquila mañana discurre con normalidad. De repente ya en la facultad todo es alboroto a tu alrededor. Felicidades a la derecha y a la izquierda, arriba y abajo – es lo que tiene ser de estatura media, por supuesto – .
Por fin la hora de comer, sin mucho tiempo para digerir los acontecimientos, la gripe porcina y la comida suena el telefono. Te levantas maldiciendo el día que naciste, lo coges, pero estás comiendo, colgarás rápido. Terminas esos deliciosos espaguetis con queso y chorizo, el lomo fue después. Ahora ya estas terminando de hacer la pequeña maleta azul que tantos kilómetros ha recorrido y vuelves a salir de casa.
Tomas conciencia otra vez, estás metido en un autobús camino de tu ciudad natal, es puente. Atascado, con coches por doquier empiezas a pensar, a echar la mirada atrás. Sorprendentemente no te acuerdas de lo que hiciste este mismo día del año pasado – normalmente sí lo haces de los días marcados en el calendario -. Es curioso como hace 2 entradas sabías hasta la temperatura y hoy no te acuerdas de tu propio cumpleaños, quizás algunas veces quieres a los demás mas que a ti mismo. Piensas, repasas, recuerdas esos últimos dias importantes… Es como si las cuevas de Sésamo se abrieran sin siquiera pronunciar la contraseña. Montañas de brillante blanco se ven dentro, una dentadura perfecta produce una músicaque orquesta una de tus composiciones preferidas. Por la izquierda corre revoltoso el amor, por la derecha gatos, y un oso hormiguero que quiere parecerse a ellos les sigue. Un proyector, una carta quemada después de haber sido leída… Una caja de música con bailarines, no de ballet sino indios… Todo se vuelve surrealista y de repente das una cabezada.
Despierto, ya en casa continuaran las sorpresas, pero esto será algo que no revelaremos.
La música del sueño
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